jueves, 19 de enero de 2017

S´Mores Skillet

Lo que os traigo hoy no puede ser más fácil


S’more es la abreviación de ‘some more’ (un poco más o algunos más), y esto debía ser lo que deseaban quienes crearon o popularizaron la combinación de tres ingredientes que ahora vamos a ver, pues se quedó con ese nombre. Podemos encontrarlo también escrito como smore, y es una preparación dulce tradicional de los campamentos en Estados Unidos, pero que actualmente se prepara en cualquier lugar.


Quizá ya sepáis de qué está compuesto un s´more, pero, por si acaso hay alguno que no, os comento... Este dulce lleva tres únicos ingredientes, y que no han variado desde los inicios: marshmallow, chocolate y galletas integrales (originalmente con Graham Crakers, son galletas elaboradas con harina de trigo entero).



Para degustar un s’more hay que poner como base media galleta integral (si es de las tradicionales), sobre ella se coloca una porción de chocolate del tamaño de la galleta y a continuación se quema el malvavisco (los scouts norteamericanos los hacían en los campamentos y lo quemaban en la fogata), se coloca sobre el chocolate y se cubre con otra galleta. Al presionar ligeramente el malvavisco se expande porque está semifundido y calienta el chocolate derritiéndolo ligeramente, y listo para comer.


No se conoce el origen de esta ‘golosina’ que en muchos casos se define como postre, posiblemente se realizó como tantas otras combinaciones que hemos podido hacer en nuestra infancia, pero podemos comprobar que esta caló y a día de hoy, la combinación de galletas, chocolate y malvaviscos ha sido utilizada por la industria para crear distintos dulces, helados, tartas, cupcakes, tabletas de chocolate (rellenas de galleta y malvavisco)… Parece ser que el primer documento escrito en el que se hablaba de los smores data de 1927, una publicación de las Girls Scouts de los Estados Unidos, y se atribuye la autoría de esta ‘receta’ a Loretta Scott Crew (texto de Gastronomía & CIA).


Hoy en día, muchos de nosotros tenemos soplete de cocina, así que no es necesario irse de camping para poder fundir el marshmallow al fuego, basta con que lo pinches en una brocheta y aplicarle la llama directamente.... Así se puede disfrutar en casa. Y si tenéis la suerte de contar con chimenea en vuestro hogar... No os digo nada...


Yo la verdad es que no tengo esa suerte, pero mi amigo Kike si, y yo ahora soy una enamorada de su hogar, porque a mi una chimenea es que me da la vida... Me relaja muchísimo y me desestresa cantidad... Así que con el fresquito, me encanta ir a su casa, sentarme delante de la chimenea a que me de el calorcito.... Y con una copa de vino en la mano, disfrutar de una conversación mega divertida escuchando el crepitar del fuego


El año pasado se me ocurrió llevarme los "aparejos" para hacer este dulce tradicional porque mi amigo ni había oído hablar de él ni lo había comido nunca... Lo pasamos de fábula haciéndolo en la chimenea, a falta de un tenedor telescópico, uniendo varias brochetas para poder acercar el marshmallow al fuego y no abrasarte en el intento... Fue una noche genial

Pero, si no tenéis la opción de la chimenea, pues aquí os traigo yo otra opción, que además queda cuca y original.

Ingredientes:

125 gr. de chips de chocolate
mini marshmallows
galletas saladas (yo he utilizado crackers)


Preparación:

Yo he utilizado esta sartén que puedes meter al horno y así que pille temperatura y que se gratinen los marshmallows para que tomen ese color y tengan ese toque caramelizado al gusto.

El procedimiento es bien sencillo, es que me da risa hasta explicarlo: colocamos los chips de chocolate en el fondo de la sartén y los cubrimos con los mini marshmallows (si no tienes minis, puedes utilizar de los normales, pero mi consejo es que los partas a la mitad).

Levar al horno precalentado a 180 grados por 10 minutos. Como esto de los hornos es muy dispar, mi consejo es que le echéis un ojo a los 7 minutos y actuéis en consecuencia.

Sacar y servir directamente. Se toma hundiendo nuestras galletas, estilo dippeando, en la sartén.


Es muy divertido de tomar y la verdad que es una delicia.... A mi es que es una combinación de sabores que me pirra. Hay que tomarla en el momento y no dejar pasar mucho tiempo porque si no la caramelización de los marshmallows se cristaliza y el hundir la galleta se pone cada vez mas difícil.

La mini sartén es de Megasilvita y el paño es de Green Gate.

Besotes s´moreadictos



lunes, 16 de enero de 2017

Banana Bread

Como me huele a veranito esta receta, y es que desde mi viaje a África del año pasado tengo pendiente enseñaros esta maravilla


El origen de la receta no es muy preciso, pero sabemos que los griegos hacían pan con miel, especies y fruta por la época de Plinio, y que a Plinio le gustaba consumir plátanos., de lo que podemos suponer que podían haberlo añadido a sus recetas de pan, aunque seguramente nada tiene que ver con la receta actual que hoy conocemos hoy en día.

La preparación del banana bread se popularizó en EEUU con el descubrimiento del leudante químico, que producía gas de dióxido de carbono en las masas. 


El pan de plátano como lo conocemos podría haber sido hecho por primera vez en EEUU en el siglo XVIII cuando las amas de casa descubrieron la levadura química como un agente químico de fermentación para sus panes, pero se popularizo por el año 1930 en “El recetario de cocina de Pillsbury”, probablemente por la moda de aquel entonces de prepara recetas que contuvieran bicarbonato de sodio y levadura.

Esta receta debe su popularidad a la sencillez  y al aprovechamiento de plátanos maduros convertiendolos en un majar.


En Tanzania es super popular, y precisamente de allí viene esta receta, directita de las manos de Mama Baba, una típica Mama africana que tenía un restaurante en el porche de su casa y en el que estuvimos comiendo durante nuestra visita a Ciudad Mosquito... Como la cocina está siempre fuera de la casa en las construcciones de Tanzania, pude ver como cocinaban en vivo y en directo, y es mas, hasta ayudé a preparar la comida que luego nos comimos... Por supuesto que lo que mas me llamó la atención fue el tema del horno... De los de toda la vida... De piedra...


Para no dejar lugar a dudas de donde tomé esta inspiración, en la sesión de fotos he querido sacar todo lo que me compré allí: los animales tallados en madera (Baobab y ébano), el Masai tallado en madera con un traje realizado con sus típicas cuentas de colores, esas que utilizan para hacerse joyas, el cuenco doble con cuchara de servir incorporada y la taza de café con cucharita realizado en hueso (es tamaño chupito porque allí el café se toma solo, ya que es hiper fuerte).


El plátano es la fruta típica en Tanzania, de ahí que sea tan popular el banana bread. Tienen tres tipos de plátanos: el plátano amarillo, lo que nosotros consideraríamos el de toda la vida, luego tienen el plátano verde, es es mas consistente y es el que utilizan para cocinar y freír, y por último tienen el plátano rojo, que es mas escaso y por lo tanto mas caro. Se utiliza como fruta y su nombre le viene por el color de su piel..,. Rojo, obviamente. Y la diferencia con el plátano amarillo es que tiene un sabor mas dulce.


Y vamos ya con la receta, que, como podréis ver, no puede ser mas sencilla, con unos ingredientes muy asequibles y en la cual no necesitas ningún tipo de máquina para hacerla... con un bowl bien amplio es mas que suficiente.

Os diré que sobre la receta original el único cambio que yo he hecho es añadirle las nueces, allí no las utilizan, pero es que a mi la combinación con el plátano me parece espectacular, y ya sabéis como somos los bloggeros... No podemos dejar de dar nuestro toque... Por muy tradicional que sea la receta


Ingredientes: 

para un molde rectangular de 15x25 centímetros

75 g de mantequilla a temperatura ambiente
60 g de azúcar moreno
50 g de azúcar blanca
2 huevos "L" a temperatura ambiente
3 plátanos maduros
225 g de harina de trigo
15 g de levadura Royal
75 g de nueces pecanas


Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC, arriba y abajo. 

Engrasamos el molde con spray de fácil desmoldado. 

Machacamos los plátanos con ayuda de un tenedor hasta que quede como una crema. Reseervamos.

Si no lo tenéis, también lo podéis hacer con mantequilla. Tomamos un pegote con los dedos y la extendemos por la base y las paredes con la mano. Cortamos una tira de papel sulfurizado, del mismo ancho que el molde, y la colocamos sobre la base, a lo largo. Dejamos que sobresalgan los extremos, de los que podremos tirar para desmoldar el pan con facilidad.


En un cuenco amplio, batimos a mano la mantequilla junto con los dos tipos de azúcar. Agregamos los huevos y los plátanos. Removemos hasta incorporar todos los ingredientes.

Por último, agregamos la harina y la levadura. Removemos nuevamente y con suavidad, hasta que no queden restos y hayamos obtenido una mezcla homogénea. Echamos las nueces, troceadas groseramente y mezclamos bien. 

Vertemos la masa en el molde y lo introducimos en el horno. Dejamos cocer durante unos 40 minutos o hasta que, al introducir un pincho en el pan, este salga limpio.

Sacamos del horno y dejamos encima de una rejilla. Pasado ese tiempo desmoldamos y dejamos enfriar totalmente


El resultado es muy sabroso y húmedo, y el toque de las nueces me parece que es el complemento perfecto. Existen dos maneras de tomárselo... Un trocito tal cual, como si fuera un bizcocho, que yo creo que es como lo hacemos aquí... O como si fuera pan, que es como lo hacen allí... Que hasta te lo tuestan y todo, y luego le puedes poner por encima mantequilla y mermelada, crema de chocolate, dulce de leche... Lo que se te ocurra!!!!!!!!!!!!!!!!!

Tengo claro que no va a ser el único que haga, pronto volveré a la carga con alguna vuelta de tuerca que daré a la receta, y así mantendré vivos lo máximo posible los grandes recuerdos y experiencias que tengo de este viaje.

Besotes cargados de morriña